El cooperativismo es universal. Sin distinción
de raza, religión o nacionalidad se extiende
en todo el mundo. Ampara a los hombres desasistidos.
Ecuménico, representa a una creciente cantidad
de personas que voluntariamente se afilian a una
cooperativa: morada del debate, de la razón,
del contrato consensual.
Pero el cooperativismo no sólo es una verdad
de discursos, también es efectividad. Actos
y hechos. Concreción sin ruido mercadotécnico.
Confirma lo que sostiene Baltasar Gracián:
"La verdad, por lo general, no se oye; se le
ve". La verdad esta ahí, 750 mil cooperativas,
obra social de más de 800 millones de cooperativistas.
Sistema in sólidum diferente del capitalismo.
El cual evoluciona hacia formas de producción
cada vez más deshumanizadas, dejando al hombre
en situación de elemento prescindible. Los
últimos ex abruptos de la economía
globalizada han lanzado a la calle a millones de
trabajadores, cuyos exabruptos nadie escucha, consecuencia
de la "gobernabilidad".
Mas el cooperativismo avanza desde el 21 de diciembre
de 1844. Crea cien millones de empleo. Satisface
las necesidades, produce lo indispensable, rechaza
los precios predatorios. Educa, ya al productor,
ya al consumidor. Respeta el paisaje, anula la contaminación.
Es perfil o proyecto o plan de cualquier programa
alternativo de desarrollo. El cooperativismo es
el porvenir de quienes ahora solamente esperan el
por morir. Así es.