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PROGRAMA DE ALIMENTACIÓN POPULAR

ARQ. OTILIO FERNANDO CHAPARRO TEJADA

 

Un pueblo pobre, sin trabajo y desnutrido, conforman el infame caldo de cultivo para poner en riesgo la democracia y la estabilidad de cualquier país.

Por ello, conjuntamente con las medidas más importantes que asuma el c. ALAN GARCÍA PÉREZ como Presidente Constitucional del Perú, a partir del próximo 28 de julio, deberá estar presente un generoso "PROGRAMA DE ALIMENTACIÓN POPULAR".

Este Programa deberá ser producto de la responsabilidad y participación conjunta, tanto del gobierno, como de los empresarios y de toda la población nacional, sin discriminación alguna.

Nuestra meta no deberá ser vista sólo para ser evaluada al final del lustro que corresponde al Presidente electo, sino más bien, sabiendo que todo lo que se haga durante estos cinco años, deberá ser la base para alcanzar la Visión de Futuro de un País Unido e Independiente, Libre, Grande, Rico, Democrático, Solidario y con oportunidad para todos sin discriminación alguna, con una población también rica, con elevada auto estima y defensora de su dignidad y libertad.

Si hablamos de metas, la primera y más cercana deberá ser la del 28 de julio del año 2021, que es cuando se conmemorarán los 200 años de nuestra Independencia de más de cuatro siglos de dominación; ahora, que todavía continuamos teniendo a la mayoría de la población, sometida al hambre, la pobreza y la ignorancia.

Al llegar a dicho hito, deberemos ser ya un solo país unido e identificado con nuestra realidad nacional, donde los beneficios de las riquezas que abundan en los suelos y subsuelos continentales y, en el mar y aire, de nuestro territorio patrio, incluyendo la porción que nos corresponde en la región Antártica, sirvan primero para nuestro desarrollo y luego para dar apoyo a los pueblos que lo necesitan.

No podemos esperar desarrollo y riqueza, con un pueblo desnutrido, por ello la importancia y urgencia de dar impulso desde el primer día al Programa de Alimentación Popular, empleando los mayores y menos costosos recursos naturales con los que cuenta el país.

En el Cuadro adjunto, ofrecemos siete formas de ofrecer al consumidor a la anchoveta y la pota, que abundan en nuestro mar territorial. De estas formas de presentación, se puede apreciar que la que corresponde a la "anchoveta fresca en agua con sal", en bolsa de polietileno (plástico), resulta ser la más conveniente, por su precio y cantidad de producto contenido en cada ración individual y también por la versatilidad en su preparación.

Así, se puede aprovechar para preparar sopas, guisos, frituras, precocidos y croquetas, acompañados con yuca, camote, papa, arroz, mote de trigo o maíz cocido, olluco, plátano y pituca. Esto será de acuerdo con los usos y costumbres de las poblaciones que habitan las diferentes regiones de nuestro país. La dieta rica en aminoácidos, vitaminas y minerales incluidos en la anchoveta, se complementará con los energizantes que proveen los carbohidratos y grasas de los alimentos acompañantes.

Con la anchoveta deberán ser diseñadas dietas apropiadas para cada edad, tal vez desde la madre gestante, para cada tipo de actividad, teniendo cuidados de no provocar empalago ni saturación en los consumidores.

El aprovechamiento de la anchoveta en diferentes formas de preparación de alimentos ya ha sido experimentada en nuestra patria desde tiempos muy remotos, pero ahora con la aplicación de nuevas tecnologías de conservación y procesamiento, podemos atender a pequeñas y grandes poblaciones, no importando su ubicación geográfica ni el tipo de transporte a utilizar.

La "anchoveta fresca en agua con sal", envasada en bolsas de polietileno selladas, no requiere de la cadena de frío exigidos por otros productos existentes en el mercado para su transporte y almacenamiento, por lo que es posible distribuir hasta en las poblaciones que aun no cuentan con electrificación. Es un producto que puede consumirse al "estado fresco" hasta por más de dos meses después de sido envasado y, si se pasara de dicho término, todavía puede ser consumido, pero ya como un producto salpresado o del "tipo anchoado", que es muy apreciado en los mercados con consumidores exquisitos y exigentes.

Este es un producto que fue investigado por el Instituto Tecnológico Pesquero, cuya técnica ya ha sido transferida a algunas empresas privadas y organizaciones no gubernamentales, las que se encuentran en plena producción, pero todavía en pequeños volúmenes. Su nombre original es "la saladita", habiéndose empleado inicialmente en su producción como materia prima, la sardina que abundaba en nuestro mar; lamentablemente aun no se ha recuperado el volumen de dicha especie. Esta tecnología es peruana y fue galardonada por la FAO, ahora se está aplicando a otras especies, como la anchoveta, el jurel y la caballa.

El Instituto Tecnológico Pesquero más conocido por sus siglas ITP, es una institución para la investigación científica y tecnológica, que ahora sus funciones también han sido extendidas a la certificación de productos alimenticios. Fue diseñado, creado y dirigido por profesionales y técnicos, en su mayoría apristas, por lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que es producto de la tenaz persistencia de nosotros los apristas, como fue en su momento la conquista del voto para los analfabetos, la gratuidad de la enseñanza y la presencia de la mujer en la política. Los estudios para su creación y financiación, se vieron afectados por la incomprensión e ignorancia no solo de algunos funcionarios del sector pesquería sino también, lo que es el colmo, por la desconfianza e indiferencia expresada por sucesivos ministros de Pesquería y, a cuya insensibilidad tuvimos que hacer frente.

La consistente perseverancia, pasión y fe colectiva depositada en aquel inédito proyecto y de tal magnitud, sirvió como estimulo al arquitecto Fernando Chaparro Tejada para liderar a un centenar de profesionales y asistentes, con quienes finalmente logró concluir los estudios, alcanzar el apoyo financiero del Japón, construir, equipar y finalmente poner en marcha al ITP.

Es de justicia dejar constancia, de la presencia y apoyo recibidos por el arquitecto Chaparro, de parte del arquitecto naval Comandante Alejandro Bastante, del ingeniero naval Comandante Alberto del Castillo Llanos y del arquitecto Carlos Odiaga, quienes le brindaron amistad, comprometida asesoría y porque sin su permanente impulso no hubiera sido posible alcanzar el objetivo fijado.

Lima, 04 de julio del 2006.

Arq. O. Fernando Chaparro Tejada


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