Un pueblo pobre, sin trabajo y desnutrido, conforman
el infame caldo de cultivo para poner en riesgo
la democracia y la estabilidad de cualquier país.
Por ello, conjuntamente con las medidas más
importantes que asuma el c. ALAN GARCÍA PÉREZ
como Presidente Constitucional del Perú,
a partir del próximo 28 de julio, deberá
estar presente un generoso "PROGRAMA DE ALIMENTACIÓN
POPULAR".
Este Programa deberá ser producto de la
responsabilidad y participación conjunta,
tanto del gobierno, como de los empresarios y de
toda la población nacional, sin discriminación
alguna.
Nuestra meta no deberá ser vista sólo
para ser evaluada al final del lustro que corresponde
al Presidente electo, sino más bien, sabiendo
que todo lo que se haga durante estos cinco años,
deberá ser la base para alcanzar la Visión
de Futuro de un País Unido e Independiente,
Libre, Grande, Rico, Democrático, Solidario
y con oportunidad para todos sin discriminación
alguna, con una población también
rica, con elevada auto estima y defensora de su
dignidad y libertad.
Si hablamos de metas, la primera y más cercana
deberá ser la del 28 de julio del año
2021, que es cuando se conmemorarán los 200
años de nuestra Independencia de más
de cuatro siglos de dominación; ahora, que
todavía continuamos teniendo a la mayoría
de la población, sometida al hambre, la pobreza
y la ignorancia.
Al llegar a dicho hito, deberemos ser ya un solo
país unido e identificado con nuestra realidad
nacional, donde los beneficios de las riquezas que
abundan en los suelos y subsuelos continentales
y, en el mar y aire, de nuestro territorio patrio,
incluyendo la porción que nos corresponde
en la región Antártica, sirvan primero
para nuestro desarrollo y luego para dar apoyo a
los pueblos que lo necesitan.
No podemos esperar desarrollo y riqueza, con un
pueblo desnutrido, por ello la importancia y urgencia
de dar impulso desde el primer día al Programa
de Alimentación Popular, empleando los mayores
y menos costosos recursos naturales con los que
cuenta el país.
En el Cuadro adjunto, ofrecemos siete formas de
ofrecer al consumidor a la anchoveta y la pota,
que abundan en nuestro mar territorial. De estas
formas de presentación, se puede apreciar
que la que corresponde a la "anchoveta fresca
en agua con sal", en bolsa de polietileno (plástico),
resulta ser la más conveniente, por su precio
y cantidad de producto contenido en cada ración
individual y también por la versatilidad
en su preparación.
Así, se puede aprovechar para preparar sopas,
guisos, frituras, precocidos y croquetas, acompañados
con yuca, camote, papa, arroz, mote de trigo o maíz
cocido, olluco, plátano y pituca. Esto será
de acuerdo con los usos y costumbres de las poblaciones
que habitan las diferentes regiones de nuestro país.
La dieta rica en aminoácidos, vitaminas y
minerales incluidos en la anchoveta, se complementará
con los energizantes que proveen los carbohidratos
y grasas de los alimentos acompañantes.
Con la anchoveta deberán ser diseñadas
dietas apropiadas para cada edad, tal vez desde
la madre gestante, para cada tipo de actividad,
teniendo cuidados de no provocar empalago ni saturación
en los consumidores.
El aprovechamiento de la anchoveta en diferentes
formas de preparación de alimentos ya ha
sido experimentada en nuestra patria desde tiempos
muy remotos, pero ahora con la aplicación
de nuevas tecnologías de conservación
y procesamiento, podemos atender a pequeñas
y grandes poblaciones, no importando su ubicación
geográfica ni el tipo de transporte a utilizar.
La "anchoveta fresca en agua con sal",
envasada en bolsas de polietileno selladas, no requiere
de la cadena de frío exigidos por otros productos
existentes en el mercado para su transporte y almacenamiento,
por lo que es posible distribuir hasta en las poblaciones
que aun no cuentan con electrificación. Es
un producto que puede consumirse al "estado
fresco" hasta por más de dos meses después
de sido envasado y, si se pasara de dicho término,
todavía puede ser consumido, pero ya como
un producto salpresado o del "tipo anchoado",
que es muy apreciado en los mercados con consumidores
exquisitos y exigentes.
Este es un producto que fue investigado por el
Instituto Tecnológico Pesquero, cuya técnica
ya ha sido transferida a algunas empresas privadas
y organizaciones no gubernamentales, las que se
encuentran en plena producción, pero todavía
en pequeños volúmenes. Su nombre original
es "la saladita", habiéndose empleado
inicialmente en su producción como materia
prima, la sardina que abundaba en nuestro mar; lamentablemente
aun no se ha recuperado el volumen de dicha especie.
Esta tecnología es peruana y fue galardonada
por la FAO, ahora se está aplicando a otras
especies, como la anchoveta, el jurel y la caballa.
El Instituto Tecnológico Pesquero más
conocido por sus siglas ITP, es una institución
para la investigación científica y
tecnológica, que ahora sus funciones también
han sido extendidas a la certificación de
productos alimenticios. Fue diseñado, creado
y dirigido por profesionales y técnicos,
en su mayoría apristas, por lo que podemos
afirmar sin temor a equivocarnos, que es producto
de la tenaz persistencia de nosotros los apristas,
como fue en su momento la conquista del voto para
los analfabetos, la gratuidad de la enseñanza
y la presencia de la mujer en la política.
Los estudios para su creación y financiación,
se vieron afectados por la incomprensión
e ignorancia no solo de algunos funcionarios del
sector pesquería sino también, lo
que es el colmo, por la desconfianza e indiferencia
expresada por sucesivos ministros de Pesquería
y, a cuya insensibilidad tuvimos que hacer frente.
La consistente perseverancia, pasión y fe
colectiva depositada en aquel inédito proyecto
y de tal magnitud, sirvió como estimulo al
arquitecto Fernando Chaparro Tejada para liderar
a un centenar de profesionales y asistentes, con
quienes finalmente logró concluir los estudios,
alcanzar el apoyo financiero del Japón, construir,
equipar y finalmente poner en marcha al ITP.
Es de justicia dejar constancia, de la presencia
y apoyo recibidos por el arquitecto Chaparro, de
parte del arquitecto naval Comandante Alejandro
Bastante, del ingeniero naval Comandante Alberto
del Castillo Llanos y del arquitecto Carlos Odiaga,
quienes le brindaron amistad, comprometida asesoría
y porque sin su permanente impulso no hubiera sido
posible alcanzar el objetivo fijado.
Lima, 04 de julio del 2006.
Arq. O. Fernando Chaparro Tejada

